miércoles, 11 de octubre de 2017

Un taquito de sincretismo, por favor


Celebrar no es lo mismo que conmemorar. Lo sé porque cuando mi amigo Fabio Gorgonzola cumplió años lo celebró en grande y cuando dejó el biberón, por vez primera, lo conmemoró en silencio.  Así son los italianos. Esto viene a cuento por el vilipendiado 12 de octubre, el Descubrimiento de América. Aunque coincido más con la idea de Encuentro de Dos Mundos, planteada, en gran medida, por el doctor Miguel León Portilla, quien bien sabe de estos menesteres.  A estas alturas uno creería que, después de tantos años de ese histórico hecho, ya no se harían afirmaciones maniqueas de buenos y malos, sino de hechos que nos permitan entender a ambos mundos (España y América), su contexto y a los personajes que participaron en ellos. Pero el camino está pavimentado de rencores, fanatismos, odios, ignorancia, mitos y engaños, de un lado y de otro.
Podríamos empezar diciendo que este Encuentro de Dos Mundos permitió el desarrollo de la globalización capitalista industrial, a través del contacto con otras sociedades, como la española, la africana, la asiática, la árabe, o la india. De tal suerte que podemos comernos una tortilla (mexicano) con carne de borrego (europeo) a la barbacoa (método prehispánico de cocción), acompañado de arroz (asiático) con mole (mexicano) y ajonjolí (árabe) y un vaso con agua de naranja (india).   

Por otro lado, América y España no eran sociedades homogéneas, sino diversas. Tanto América como España no estaban unificadas a finales del siglo XV. La primera tenía pueblos sometidos por los mexicas; la segunda, conflictos internos debido a la hegemonía católica y a la expulsión de los moros, los gitanos y los judíos. 
En este sentido, Cortés no conquistó nada, ni Malinche fue una traidora. No había patria en ese entonces ni Masiosare un extraño enemigo. México se constituyó tres siglos después. Hernán Cortés fue líder de los pueblos indígenas que deseaban quitarse del yugo mexica. Ni los tlaxcaltecas ni los totonacas caminaban de la mano con los mexicas, escuchando el canto del cenzontle, pájaro de cuatrocientas voces, y el enervante perfume de las flores. Por ello, una vez establecida la colonización, en la América invadida por los españoles y los portugueses hubo mezcla y fusión de culturas de la que somos producto.
En conclusión, somos un sincretismo que dio paso a una síntesis de culturas diversas. Si uno le pregunta al taxista a quién le reza por las noches, seguramente responderá que a la Virgen de Guadalupe y a Diosito. Un masculino y un femenino, porque para los mesoamericanos había un principio masculino y uno femenino, una dualidad. Así pues, celebrar no es lo mismo que conmemorar, porque conmemorar también es una forma de reflexión en torno a una herencia cultural que todavía nos alcanza.


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sábado, 29 de julio de 2017

Mi verano INFONAVIT



Cuando era niño el Estado me arropó entre sus brazos gordos, pero bien institucionales, a través de un curso de verano para hijos de madres trabajadoras del INFONAVIT. Como todos los cursos de verano no aprendí nada. Sólo jugaba fútbol, quemados o declaro la guerra en contra de mi peor enemigo. Lo que era casi como ir a la escuela pero sin calificaciones.Eso sí, las instructoras me inyectaron altas dosis de nacionalismo revolucionario, y de que hay que retribuirle al Estado lo que gratis te da. En ese entonces no sabía eso de que nada es gratis, mucho menos la educación, la cual pagamos los contribuyentes; tampoco había leído tanto y mi nacionalismo se activaba con la Madre Patria de la portada de los libros de texto (la del brazo bien arriba), el Huapango de Moncayo y el himno del Infonavit, que nos hacían cantar unos funcionarios muy simpáticos y cuyas líneas aún me sé:
"Infonavit te orientará
para buscar un mundo nuevo;
mundo fraternal, donde hay amor
Y bienestar.
La Gran Familia Infonavit,
consciente de su gran misión,
ha de servir para lograr
un México de libertad,
¡¡¡Infonavit!!!"
Las líneas finales retumbaban a destiempo cada fin de curso que nos ponían a interpreterla en el auditorio principal. Las mamásInfonavit le aplaudían orgullosas a sus hijos recíen adoctrinados por la sapiencia de las instituciones del Estado benefactor. Por lo regular unos funcionarios bien trajeados, subían al escenario y hablaban recio sobre la importancia de los valores, las tradiciones nacionales y el bien común. Luego uno de ellos ponía su mano en la cabeza de algún niño y le tomaban hartas fotos y sonreía. En una ocasión aparecí en esas feas gacetas institucionales, gracias a que el señor que puso su mano sobre mis chinos era el mero mero del changarro. A veces las mamásInfonavit aplaudían, se tomaban fotos con sus hijos y alguno que otro funcionario de relumbrón, como para presumir que sus hijos se rodeaban con puro chingón, que los protegía entre sus brazos rollizos, feos y correosos, como el Estado.

jueves, 29 de junio de 2017

Ron con combi y carretera


Hace varios años un tipo me ofreció un trago de ron de su botella. Íbamos a bordo del camión que va de Indios Verdes a San Cristóbal. Le dije que no, pero insistió. Tenía la mirada penetrante, a punto de colmar el vaso del resentimiento social. Acepté más por temor que por voluntad. Se sonrío, su labio inferior era gordo. Tomé la botella envuelta en una bolsa de plástico negro y le di un trago breve sin tocar la boquilla. Tómale más, no tiene bucitos. Le di otro más largo. Eso cabrón, la gente que bebe me da confianza, dijo. Durante el trayecto que va de Indios Verdes a San Cristóbal Ecatepec, el tipo me habló de sus pérdidas con la familiaridad que corresponde a quien acompaña a un enfermo. No puedo decir lo mismo de la pareja que ayer abordó la combi que va del metro Gómez Farías a San Buenaventura. El joven de espalda ancha, cuyo chaleco permitía exhibir sus brazos musculosos con tatuaje de lobo en su muñeca, abrió una lata de Jack Daniels con coca; la novia de ceja tatuada, labios carnosos y pans entallados que le permitían lucir sus piernas delgadas, abrió una de tequila con squirt. Ambos bebieron al mismo tiempo, como una coreografía sin ritmo. Ninguno me ofreció un trago. Cuestioné los valores de la juventud descarriada. Me pregunté si este tipo de bárbaros egoístas sólo se avisaban en la carretera México Puebla o eran una constante en todo el transporte público del Estado de México. Entonces volví a recordar a aquel antiguo compañero de viaje que me ofreció de su Bacardi. Lo imaginé con su bolsa negra de plástico, repartiendo licor entre sus confesores, desprendiéndose un poco más de sí mismo, camino a cualquier lugar.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Putin, un Jolopo eslavo

Veo a muchos paisanos, de ideologías distintas, admirar a Vladimir Putin con mística devoción. Algunos lo admiran por su carácter autoritario y su porte de hombre duro, hosco y macho alfa; otros, por su comportamiento bravucón, incendiario, ultranacionalista. Hay quienes le celebran el férreo control que tiene de su partido de centro derecha (Rusia Unida, quien además tiene supermayoría en el Congreso) y hay quienes endiosan el que defienda a Rusia a través de una estrategia muy peculiar: el culto de su propia personalidad. Putin en la ONU. Putin nadando. Putin levantando pesas. Putin cabalgando un pura sangre. Putin en el judo. Putin el líder mundial.

No me extraña. México ya había tenido un presidente muy parecido al líder ruso: José López Portillo, mejor conocido como Jolopo. Jolopo fue un presidente ultranacionalista, bravucón, culto, faraónico, desmesurado, que tenía las riendas del Partido (así le dicen los nostálgicos) en sus manos e hizo y deshizo las instituciones al compás que se le dio su regalada gana, como el camarada Putin. Además Jolopo forjó del culto a su personalidad una forma de propaganda institucional desde Los Pinos. Jolopo en la ONU. Jolopo nadando. Jolopo haciendo esgrima. Jolopo boxeando. Jolopo cabalgando un pura sangre. Jolopo nacionalizando los bancos.

En este sentido Jolopo, al igual que Putin, son un ejemplo de megalomanía y desmesura, donde la personalidad del gobernante se mimetiza con El Estado y éste con el país. En realidad, Vladimir Putin es un Jolopo eslavo. Por ello su culto en México tiene raigambre autoritaria, nostálgica, adulatoria, y profundamente priísta.


jueves, 4 de mayo de 2017

La ruta del exnovio


Hay rutas insuperables. Como la del aventurero que asciende con estoicismo montañas escarpadas, frías, de filosas pendientes, o la del explorador bravío que se interna en la selva agreste e incierta, o bien la del navegante que cruza el Atlántico, entre olas fuertes y grandes como hordas bávaras. Pero hay una ruta extrema, compleja, tortuosa, a veces ineludible, que lejos de repeler al aventurero, tal parece que lo imanta hacia su sendero hostil, se le conoce como la ruta del exnovio o la curva del diablo. Dicha ruta consiste en hacer turismo en los vestigios de un amor que se acabó.
Mi amigo Livorio Pomodoro, alias El Pomo, me contaba, hace algunos meses, de aquel encuentro con una "joven de cabello suave, ojos risueños y labios carnosos de aguamiel", como la describió. Se habían conocido en el pasillo de una Convención de Tecnología Digital para Entreprenaurs del Siglo XXI y quedaron de verse para comer días después. ‘Fue como sumergirme en una alberca turbia. No paró de hablar de su exgüey, con el que había terminado hacía un año. ‘La comida Mediterránea es mi preferida’, me dijo. ‘¿Y por qué es tú preferida?’. ‘Ay, pues por su sabor. Bueno, es que J*** la preparaba muy bien. Como vivió dos meses en Grecia’. Luego me pidió que la acompañara a Santa María La Ribera. ‘Podemos tomar algo en una cantina que me fascina’, me dijo. Le contesté que sí, y más me valía haberle dicho que no, pero ya sabes que siempre digo que sí; no tengo fuerza de voluntad, en eso nos parecemos. Llegamos a la cantina que era como cualquier otra pinche cantina de cualquier otro pinche lugar. Pedí una cerveza; ella, una piña colada. ¿Y sabes qué me dijo, cabrón? Que cuando iba en la universidad ‘siempre pedíamos esto, son deliciosas. Prueba’. Y la neta si estaba muy pinche deliciosa, pero qué pedo con sus recuerdos colectivos; dijo pedíamos. ‘¿Quiénes pedían?’, le pregunté. ‘Pues mis amigos y ya sabes quién’, respondió. No mames, cabrón. Debí haberme ido en ese momento, pero creí que la ruta del exnovio me llevaría a su boca, a sus brazos delgados, a su escote pecoso, o ya de perdida a su mano, pero sólo me llevó a la salida. Luego me dijo que la acompañara al Kiosco Morisco, donde escuchó que había música en vivo y donde terminó bailando salsa con un joven experimentado y audaz, mientras yo sostenía su bolsa de mano. ‘¿Cómo es que conoces tan bien esta zona?’, le pregunté. ‘Es que vivíamos muy cerca de aquí’. Vale madres, pensé. Terminamos fumando pipa hookah, sabor menta con uva, en una casona que adaptaron como cafetería. Después de echar una bocanada, la besé, pero ella me dijo que aún no estaba lista, que mejor fluyéramos como el humo. Me hubiera parecido una comparación adecuada de no ser porque la pipa ya estaba seca y el humo se había esfumado", concluyó nuestro Bernal Díaz del Castillo del amor.

Al escuchar a El Pomo recordé a mi amiga Carlota Sandía, quien fumaba mentolados y solía hablar de su exnovio como un espectro omnipresente, dúctil, polimorfo. "Nunca pudo superar a su exmujer. ‘Que si B esto que si B lo otro’. ‘Que si esta películalibroserierestaurantelugar, cómo me recuerda a ella’, me decía el muy idiota. Y mírame ahora aquí, contándote de él. Yo creo que en el fondo lo sigo admirando o amando o ambas. Ya ni sé.  Ni me mires así. Qué tú no eres un santito. Malditos hombres, son el diablo", me dijo en aquella ocasión de nublado cielo.
Al principio escribí que la ruta del exnovio también es la curva del diablo. Y hay tantas rutas como diablos. Entre los espíritus impuros que expulsó Jesucristo está uno que dice llamarse Legión. "Legión es mi nombre, porque somos muchos”, aparece en Marcos (5,9,) y también se le aparece al aventurero cuya voluntad de combatir es igual de inmensa que su ego enamorado. Y en esa senda muchos perecen; otros, enloquecen; el resto sólo contempla al aventurero solitario que se disipa en el camino.