sábado, 29 de julio de 2017

Mi verano INFONAVIT



Cuando era niño el Estado me arropó entre sus brazos gordos, pero bien institucionales, a través de un curso de verano para hijos de madres trabajadoras del INFONAVIT. Como todos los cursos de verano no aprendí nada. Sólo jugaba fútbol, quemados o declaro la guerra en contra de mi peor enemigo. Lo que era casi como ir a la escuela pero sin calificaciones.Eso sí, las instructoras me inyectaron altas dosis de nacionalismo revolucionario, y de que hay que retribuirle al Estado lo que gratis te da. En ese entonces no sabía eso de que nada es gratis, mucho menos la educación, la cual pagamos los contribuyentes; tampoco había leído tanto y mi nacionalismo se activaba con la Madre Patria de la portada de los libros de texto (la del brazo bien arriba), el Huapango de Moncayo y el himno del Infonavit, que nos hacían cantar unos funcionarios muy simpáticos y cuyas líneas aún me sé:
"Infonavit te orientará
para buscar un mundo nuevo;
mundo fraternal, donde hay amor
Y bienestar.
La Gran Familia Infonavit,
consciente de su gran misión,
ha de servir para lograr
un México de libertad,
¡¡¡Infonavit!!!"
Las líneas finales retumbaban a destiempo cada fin de curso que nos ponían a interpreterla en el auditorio principal. Las mamásInfonavit le aplaudían orgullosas a sus hijos recíen adoctrinados por la sapiencia de las instituciones del Estado benefactor. Por lo regular unos funcionarios bien trajeados, subían al escenario y hablaban recio sobre la importancia de los valores, las tradiciones nacionales y el bien común. Luego uno de ellos ponía su mano en la cabeza de algún niño y le tomaban hartas fotos y sonreía. En una ocasión aparecí en esas feas gacetas institucionales, gracias a que el señor que puso su mano sobre mis chinos era el mero mero del changarro. A veces las mamásInfonavit aplaudían, se tomaban fotos con sus hijos y alguno que otro funcionario de relumbrón, como para presumir que sus hijos se rodeaban con puro chingón, que los protegía entre sus brazos rollizos, feos y correosos, como el Estado.

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