Los porros del PRI en la Alameda


 
La toma de posesión del presidente electo Enrique Peña Nieto estuvo ensombrecida por los hechos violentos ocurridos en San Lázaro y en el Centro Histórico de la Ciudad de México. La izquierda, algunos y periodistas y analistas políticos han insistido en que dichos sucesos se debieron a la infiltración de grupos de choque, pagados posiblemente por el PRI para deslegitimar las manifestaciones de los movimientos sociales opuestos a su retorno al poder. Sin embargo, considero que dichas posturas no sostienen ni aportan evidencia clara de que los grupos de infiltrados provengan de las filas del Revolucionario Institucional o estén vinculados a ellos ni que haya sido una decisión directa del presidente electo, por diversos motivos:

1.       La decisión del cerco en San Lázaro le correspondía directamente al gabinete de Seguridad Pública en funciones, con el aval del ejecutivo, el ahora expresidente Calderón.

2.       Un día antes, 30 de noviembre, el Presidente Constitucional Felipe Calderón le entregó insignia y bandera al Presidente electo, Peña Nieto, quien a su vez le tomó protesta a su gabinete de Seguridad. El acto protocolario se estableció con el propósito de darle institucionalidad, certidumbre y legalidad a la transmisión de poderes, en dado caso de que no se pudiera rendir protesta en San Lázaro, y como un mensaje a la población. Sin embargo, la responsabilidad jurídica seguía siendo del presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, Felipe Calderón, pues el Presidente electo aún no rendía la protesta constitucional correspondiente.

3.       La izquierda ha señalado, en reiteradas ocasiones, que los disturbios ocurridos en San Lázaro y el Centro Histórico fueron orquestados por grupos de choque pagados por el PRI, en contubernio o con la permisividad de la Policía Federal. En la lógica de una elección presidencial, impregnada por el discurso de la “imposición”, la “compra de votos”, la “triangulación financiera” -reproducida por ciertos sectores de la prensa, los partidos de oposición y parte considerable de la sociedad civil-, sería absurdo para el PRI y el Presidente Enrique Peña Nieto, evocar al fantasma del 68 y el Halconazo del 71, infiltrando grupos de choque, que tan sólo generarían una ola de violencia peor frente a los ojos de la prensa internacional, con el propósito exclusivo de reventar un movimiento social, minando en ello su credibilidad como partido en el poder, y parte de la confianza social depositada, justo en el arranque de gobierno. Es tanto como darse un tiro en el pie. El costo político de opacar las voces disidentes, que a todas luces ni se opacarán, versus el beneficio real, es mínimo.  

4.       Los disturbios ocurridos en el Centro Histórico, siguiendo la lógica de los grupos de choque, tienen dos destinatarios: Marcelo Ebrard, quien ha anunciado su interés para la presidencia de la República, en 2018; y Miguel Ángel Mancera, quien en breve rendirá protesta como Jefe de Gobierno, y no tiene todo el apoyo de los grupos radicales de la izquierda.

En el primer caso, Ebrard contaba con altos índices de aprobación, una presencia mediática intensa, un capital político aceptable, entre otras cosas, por su inversión en obra pública, su liderazgo nato y su capacidad de negociación con la oposición, características positivas para cerrar de manera satisfactoria su administración. Sin embargo, los disturbios del 1 de diciembre, lo afectan políticamente. Primero porque es jefe de gobierno, y avala el comportamiento de la Secretaria de Seguridad Pública del DF ante la aprehensión de los manifestantes. Y segundo, porque los actos vandálicos afectan uno de los proyectos más ambiciosos de su administración: la recuperación de la Alameda. El símbolo de la ciudad de vanguardia, con el que prácticamente cerraba su administración.

Las detenciones de manifestantes ocurridas en el Centro Histórica tendrán que resolverse en la administración siguiente. Marcelo Ebrard le deja una papa caliente al gobierno de Mancera, quien deberá de pronunciarse al respecto en torno a un tema que tendrá una resolución política más que jurídica.

Manchado Ebrard en su imagen pública y colocando a Mancera en un predicamento, AMLO anuncia nuevamente su gira por todo el país, dando inicio simbólico a lo que será su tercera campaña para preservar su proyecto político, con miras a la elección de 2015.  Si realmente existieron los grupos de choque priistas, el cálculo del Revolucionario Institucional fue erróneo, pobre, y visiblemente absurdo,  pues el único beneficiado es AMLO y su izquierda, quienes tendrán combustible de sobra para preservar el discurso de la imposición, la ilegitimidad y ahora el de la represión.

5.       Criminalizar la disidencia es igual de peligroso que vandalizar la protesta. Cortar la endeble línea es peligroso tanto para el Estado como para la sociedad civil. Es una apuesta en la que todos pierden y nadie gana.

 

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